JORGE CÁLIX. PREDICADOR
YUCUAIQUIN, SAN MIGUEL.
“hijito, tú vas a llegar a ser alguien en la vida primero Dios”. Lo que ni
ella ni yo sabíamos era que no sería un político o un funcionario de gobierno, sino un
predicador del Evangelio, un ministro del reino de Dios.
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Es uno de los pueblos lencas salvadoreños, cuyo origen se remonta a la época precolombina; cuando los españoles llegaron, estaba ubicado en un valle llamado Llano Grande. El área estaba poblada por los lencas, prueba de ello es el sitio arqueológico El Chagüite, ubicado en el cantón Las Cruces, caserío El Chagüite, en el cual se pueden apreciar petrograbados o petroglifos lencas.[2]
A mediados del siglo XVI, tenía una población que oscilaba alrededor de los 300 habitantes, como pueblo anexo del Curato o Parroquia de Ereguayquín.
En el año de 1786, ingresó en el Partido de San Alejo y el 12 de junio de 1824 se fundó el distrito como parte del Departamento de San Miguel, perteneciendo hasta el 22 de junio de 1865, fecha en que pasó a formar parte del Distrito de La Unión, en el departamento homónimo.
Por solicitud de la distritalidad, se fundó una escuela de niñas con la dotación de quince pesos en el 17 de enero de 1885.[3]
Durante la presidencia del Dr. Alfonso Quiñónez Molina, la legislatura salvadoreña, con fecha 28 de abril de 1926, emitió el decreto por el cual otorgó al Pueblo de Yucuaiquín el Título de Villa, distinción que se le confirió por el desarrollo de su agricultura, comercio y ornato.[4]
El 15 de febrero de 2002 por Decreto Legislativo obtuvo el Título de Ciudad, por su notable progreso y por contar con todos los servicios públicos necesarios para el bienestar y el desarrollo de sus habitantes.[5]
El 3 de octubre de 2009 fue instituido el Carnaval de Fuego, por el entonces alcalde Carlos Ernesto Gutiérrez Villatoro.
En 2023 debido a la reorganización territorial del país llevada a cabo por el Gobierno de El Salvador, el territorio yucuaiquinense fue nombrado por la Asamblea Legislativa como Distrito de Yucuaiquín, anexándolo al Municipio de La Unión Sur.
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NIÑO PRODIGIO EN BUSCA DE FUTURO, CALIX
EL REGRESO A SAN MIGUEL Y LOS PRIMEROS EMPLEOS
Cuando terminé el segundo curso de Plan Básico, en la vacación de 1969, de veras que
comencé a meditar seriamente sobre mi futuro y pude ver que, aparte de estudiar el tercer
curso, por causa de la pobreza de mi familia, en el pueblo no veía un buen futuro para mí,
no tenía otra opción que quedarme a ser un jornalero como la mayoría. Yo ayudaba a mi
abuelo en el campo, pero, a decir verdad, no me gustaba, no quería ser un agricultor. Me
desesperé, y un día le dije a mi abuelita, me voy para San Miguel a trabajar de lo que sea,
voy a ver qué puedo hacer para superarme, porque aquí no tengo futuro.
Recogí mi poca ropa y zapatos, los puse en una bolsa de tela porque no tenía maletín, y
sentado frente a ella le dije, mamá Chela, écheme la bendición. Ella, como creyente en
Dios, aunque no sabía orar, me puso la mano sobre mi cabeza y me dijo: “Hijito, que Dios
te bendiga en tu camino y te guarde de todo peligro”. Me levanté confiando en aquella
declaración y, aquella tarde, con la cara de frente al sol vespertino salí a pie desde
Yucuaiquín hasta el desvío de Las Conchas sobre la Ruta Militar, aproximadamente a 18
kilómetros. Un camión cargado de leña me dio un aventón y llegué a San Miguel ya
oscureciendo.
Con el consentimiento de mi padrastro, me hospedé por un tiempo con mi madre en la
Colonia Belén y comencé a trabajar en la construcción. Pasé por situaciones muy duras,
pero mi espíritu de superación no se dobló y muchas veces recordaba las palabras de
Don Maximiliano Flores. Al llegar enero de 1970 me matriculé en el tercer año de Plan
Básico en la sección nocturna en el Instituto Nacional Isidro Menéndez con el apoyo del
profesor Arnoldo…
Llegó la adolescencia, aprendí un poco a tocar guitarra con mi amigo el profesor Carlos
López. Los muchachos del pueblo me invitaban para ir cada fin de semana a dar serenatas a sus novias, y aunque no tenía novia, lo hacía con gusto y me sentía parte del grupo. Alegramos el oído de muchas señoritas y sus familias, pues lo hacíamos muy decentemente y con canciones románticas que requinteaba muchas veces mi maestro Carlos López. Pero al mismo tiempo, motivado por los amigos, comencé el vicio de tomar, el cual me haría mucho daño y me llevaría a una crisis que finalmente, gracias a Dios, me empujaría hacia la conversión en Cristo.
Recuerdo a Don Maximiliano Flores, un hombre respetable y muy moral, era adventista del séptimo día. Algunas veces me abordaba a solas, sentado en la plaza del pueblo, y con mucho cariño y respeto me decía: “Jorgito, permítame compartirle una palabra. Usted es un joven muy inteligente, lo admiro porque tiene un futuro muy prometedor, pero, la vida que lleva lo va a desviar hacia el fracaso. Le recomiendo que deje esos caminos y esos amigos. Busque a Dios y pídale sabiduría. Usted, así como es, no ha nacido para ser un jornalero; por lo menos va a ser un cartero, o un profesor de escuela”.
Yo me sentía bien al escucharlo y le respondía, muchas gracias por su consejo. Pero no tenía la fuerza de voluntad ni el ambiente social adecuado para seguir el camino que él me señalaba. Yo sabía que él tenía razón, pero no pasaba a más. A pesar de todo, sus consejos fueron una semilla que quedó sembrada en mi corazón. Así que, la locura de la juventud bohemia continuó.
TERCER CICLO. ESTUDIOS. NOVENO
Otra experiencia muy emocionante e inolvidable la viví cuando estudiaba lo que en aquel tiempo se llamaba el Plan Básico. Al terminar el primer año con altas calificaciones, fui escogido como alumno sobresaliente para participar junto a todos los mejores alumnos de cada plan básico del país en el Intercambio Estudiantil con Guatemala. Por acuerdo de los gobiernos, los guatemaltecos venían a nuestro país en grupos y nosotros también fuimos a Guatemala. Fue mi primer viaje fuera del país y todos íbamos atentos en el camino, pendientes de los accidentes geográficos, los valles, ríos y volcanes que habíamos visto en Estudios Sociales.
Nos llevaron a Antigua Guatemala a hospedarnos en un hotel colonial muy lindo. Allí tuvimos una cena con el Ministro de Educación y recibimos de él palabras de ánimo para buscar la superación. También fuimos conducidos por guías expertos que nos llevaron a conocer los principales sitios históricos de Antigua, así como los principales lugares de la capital Guatemala, tales como la plaza donde se firmó el acta de independencia de Centroamérica, el Palacio Nacional, la catedral y el Zoológico.
JUVENTUD
Aspecto y pasar de la teoría a la práctica, el segundo trimestre se organizaban partidos políticos en cuarto, quinto y sexto grado con sus respectivos candidatos, se elaboraba una bandera por cada partido y se hacía campaña en los recreos para ganar adeptos, se nombraban en su momento los miembros de las juntas receptoras de votos, y llegado el
día, no había clases, había una fiesta cívica, se celebraban las elecciones, se ponían urnas de votación y con gran entusiasmo los alumnos acudían a votar por su partido y su candidato favorito. Los maestros eran los encargados del escrutinio y al final del día ya se sabía quién había ganado.
El quince de septiembre, Día de la Independencia patria, después del desfile reglamentario por las calles del pueblo, se celebraba un acto especial a la vista de mucha gente que llegaba tanto del casco urbano como de los cantones. Se preparaba una tarima en la alcaldía municipal frente a la plaza pública. Así que, uno de los mejores momentos de mi vida de estudiante fue cuando me eligieron presidente de la república escolar y en esa tarima me impusieron la banda presidencial delante del alumnado y el pueblo que había concurrido.
Di un pequeño discurso de agradecimiento al profesorado por inculcarnos esos valores y a los estudiantes por haberme elegido presidente. Estaba muy emocionado. Mi tía Francisca Cálix, a quien cariñosamente llamábamos tía Panchita, muy alegre y llena de esperanza me dijo, “hijito, tú vas a llegar a ser alguien en la vida primero Dios”. Lo que ni ella ni yo sabíamos era que no sería un político o un funcionario de gobierno, sino un predicador del Evangelio, un ministro del reino de Dios.
Pedagoga y Motivadora
del aprendizaje, la Niña Toñita dijo: “¡Qué bueno!, este muchachova llegando y ya sabe”. Eso me desafió, levantó mi autoestima y desde entonces me esforcé por aprender para demostrar que sabía, aunque no sabía nada.
A los tres meses ya leía cien palabras por minuto y ante todos los alumnos de primaria me estimularon con el libro del cuento La Lámpara de Aladino que me fue entregado por el
director Manuel de Jesús Sariles. El estudio fue algo que me emocionó y despertó en mí
los deseos de superación. El Día del Alumno me premiaron por el primer lugar en mis
notas y, a partir de allí, cada año ganaba el primer lugar y era premiado en cada clausura.
Hubo maestros excelentes en la primaria que marcaron profundamente mi vida y la de mis
compañeros, entre los cuales puedo mencionar a Don Pedro De León, con sus lecciones
de moral muy ilustradas y prácticas, Consuelito Pérez García, y Arístides Miranda.
Yo soñaba ser un maestro como ellos, un maestro que marcara conciencias y formara
vidas. Recuerdo que, en quinto grado, el profesor Arístides Miranda, por alguna necesidad
pedía permiso al director para ausentarse por dos o tres días, pero me adelantaba en su
habitación todas las clases con el aval del director y me daba la guía de cada día. Así que
yo, muy emocionado y, un tanto nervioso, llegaba a la escuela y les compartía las clases a
mis compañeros. Cuando él regresaba, hacía un breve repaso y verificaba que todo
estuviera bien para continuar el programa.
banquito para subirme y así poder rasgarla. Me decía que no quería que aprendiera a
tocar guitarra porque por ello iba a aprender vicios. Lastimosamente mi abuelo murió el
diecisiete de noviembre de 1962 cuando apenas yo tenía diez años de edad.
En ese tiempo en Yucuaiquín no existía el Kinder Garten hasta que fue fundado por la
profesora Enriqueta Fuentes de Fuentes, a quien cariñosamente llamábamos “la niña
Queta”. Entre los primeros alumnos del kínder recuerdo a mi hermano Rolando Antonio
Cálix, a Marina Gutiérrez y a Celina De León. Antes de eso uno iba a la escuela ya
grandecito y de una vez entraba a la primaria.
No sé por qué yo me rehusaba a asistir a la escuela hasta que mi abuelita Marcelina Cálix
me hizo presión, me matriculó y me llevó sentadito hasta la puerta del primer grado. Yo
tenía nueve años cumplidos. Los alumnos ya tenían varios días de asistir, y se veía que la
clase ya había comenzado. Mi abuelita saludó a la maestra: “Buenos días niña Toñita,
aquí le traigo este cipote para que aprenda”. Me recibió amablemente la profesora del
grado doña Antonia Barrera de Salvador, y como era algo crecidito me mandó a los
pupitres de atrás que, por cierto, cada pupitre era para dos.
En el pizarrón la maestra había escrito dos sílabas, “a” y “la”, y después la palabra “ala”
en minúsculas. Estaba haciendo un repaso de lo que habían visto el día anterior y
comenzó a preguntar de adelante hacia atrás. Mis compañeros, como habían estado en
clase ya sabían qué decía, pero yo, nada, así que me puse muy nervioso. De tanto oír a
mis compañeros, me aprendí la respuesta, y cuando me tocó mi turno, la maestra me
preguntó y yo le contesté conforme había oído.
FAMILIA
Mi abuelo, Cipriano Gálvez, era la cabeza y el responsable del hogar, el modelo de
hombre que marcó mi alma de niño. Él alquilaba tierras y hacía trabajos agrícolas para
sostener a la familia ayudado, especialmente por Hernán, mi hermano mayor. “Mama
Chela” era la señora de la cocina y procuraba tener la comida a tiempo. Todavía oigo
aquella música que emitía haciendo las tortillas delgaditas y sabrosas en comal de barro.
Yo también ayudaba en lo que podía a mi edad en la milpa cuando iba a dejar el
almuerzo. Recuerdo que papá Cipriano me compró una cumita para “tameguar” (desborlar
maíz), un sombrerito de palma y un par de caites como los que él usaba. Yo me sentí muy
alegre por ello y en nuestra pobreza era un niño feliz.
Mi abuelo también era carpintero, hacía muebles muy bonitos y a veces utilizaba clavos,
sino cljvijas de nacazcol. Los amigos lo contrataban para hacer el artesón de las casas de
teja. Muy pequeño me decía, alístese y vámonos, me enganchaba en su nuca y me
llevaba a sus lugares de trabajo. Por el camino le hacía muchas preguntas, que él
pacientemente me contestaba, y me llamaba la atención el canto triste del torogoz en lo
espeso de los bosques, hasta cierto punto me daba miedo. Estando con él no me
preocupaba para nada, jugaba con otros niños y volvíamos hasta la tarde. Cuando me
preguntaban ¿de dónde viene el niño? Yo respondía, “de trabajar”.
Además, mi abuelo era músico, tocaba una guitarra de doce cuerdas y hacía cuarteto con
otros amigos que tocaban bandolina, violín y contrabajo. Guardaba cuidadosamente su
guitarra sobre la sombra de su cama. Algunas veces que me ofrecía la oportunidad de superarme y escalar.
Por más que el jefe me aconsejó, no le hice caso. Así que regresé a San Miguel a la vida
bohemia.
Nunca faltaron en cada etapa personas que me daban su aprecio y me apoyaron, que
Dios puso en mi camino como vasos de misericordia en mis tinieblas. Quiero
mencionarlos y honrarlos con gratitud, entre ellos a Carlos Alberto Cubías Lara y su padre
Don Jesús Cubías en San Miguel; Alfredo Ordóñez y su madre Patricia Ordóñez, también
en San Miguel, ahora son mis hermanos en Cristo; Doña Lidia Gallardo de Rodríguez en
Quezaltepeque, que movida por mi testimonio también se convirtió al Señor y ya está con
él en el cielo; y Reynaldo Molina, que trabajaba en el Ministerio de Educación en San
Salvador, quien más tarde estudió para médico en Brasil, donde reside desde hace mucho
tiempo.
MI FUTURO INCIERTO
Después de tanta decepción, volví a meditar seriamente en mi futuro y con el apoyo de
Reynaldo Molina, quien me ofreció hospedaje y alimentación mientras consiguiera trabajo,
me vine para San Salvador. Busqué empleo en varias partes, pero no encontraba. Apliqué
para una plaza en la Dirección General de Centros Penales del Ministerio de Justicia en
tiempos del Dr. Juan Portillo Hidalgo como Director General de Centros Penales, y junto a
otros diecinueve jóvenes fui escogido para recibir un año de capacitación semimilitar
como Educador de Menores, pues trabajaríamos en los Centros de Readaptación Juvenil
con jóvenes de alto riesgo que vienen de la delincuencia para ayudarles a cambiar y a
reinsertarse a la sociedad.
TRABAJO.
gracias a Dios, aunque hubo dificultades, lo terminé exitosamente y conocí
compañeros que también querían superarse.
En 1971 me inscribí para recibir un curso de capacitación especial con temas muy
apropiados que ayudaban a mi formación personal y trabajé como asesor o agente
vendedor de contratos de fumigación de la CEIR (Compañía Exterminadora de Insectos y
Roedores). Ya no andaba con mis manos curtidas por el cemento, sino, bien vestido y con
corbata. Conocí varias ciudades orientales visitando hogares y empresas, ofreciendo
dichos servicios.
En 1972 me inscribí para recibir un curso intensivo de capacitación en técnicas de
rociado, como aspirante a jefe de cuadrilla, en la sede regional de la Campaña Nacional
Antipalúdica, y al obtener las mejores notas, de una vez me nombraron jefe de una
cuadrilla compuesta de cuatro rociadores y un supernumerario, el cual era candidato a
jefe de cuarta categoría, y me enviaron a trabajar a la ciudad de Quezaltepeque, La
Libertad. Todo iba viento en popa y me sentía muy bien, pero al tener dinero para mis
diversiones volví a las andanzas del joven libertino, falté a mi trabajo, descuidé mis
responsabilidades y fui castigado por mi jefe inmediato.
Mi jefe, el Señor Minero, era una buena persona que me tenía mucho aprecio y, en lugar
de destituirme, me disciplinó poniéndome como rociador supernumerario para que no
perdiera mi categoría y luchara por recuperar mi posición de jefe. En ese trabajo uno
podía escalar de cuarta a primera categoría. Fui enviado a San Pablo Tacachico donde
trabajé un tiempo, y así me di cuenta de lo duro que era el trabajo de un rociador,
cargando su bomba todo el día y una matata cargada del veneno DDT que había que
rociar. Me decepcioné tanto y me deprimí al grado que neciamente renuncié a un bonito
trabajo.
LA CONVERSIÓN A CRISTO Y MIS PRIMEROS DÍAS EN EL EVANGELIO
JUAN BUENO… CENTRO EVANGELISTICO. SAN SALVADOR
Ya una vez establecido en la capital, comencé a buscar trabajo. En tanto, mi amigo Mario
Hernández, me invitó a los cultos del Centro Evangelístico de las Asambleas de Dios
ubicado sobre la segunda avenida norte #1617, llamada ahora Avenida Monseñor
Romero. Yo comía en el comedor de su madre, la hermana Toñita Hernández, en el
mercado San Miguelito. Siendo un necesitado de la misericordia de Dios, y consciente del
gran vacío que había en mi corazón, decidí ir a la iglesia. Me hospedaba cerca del Parque
Centenario y desde allí me fui a pie. Era el jueves 8 de febrero de 1973 y a partir de ese
día, ese camino lo andaría ida y vuelta muchas veces y a toda hora.
El servicio fue evangelístico y estuvo muy hermoso; me impactó mucho ver el gozo de la
gente alabando a Dios con tanta libertad, y un acompañamiento musical pegajoso con el
hermano Víctor Navarrete al órgano. El hermano Juan Bueno, pastor general, predicó en
Romanos 10:9-10 y Dios habló a mi vida, pero todavía no pasé a aceptar al Señor. El
viernes volví, y lo mismo el sábado. Este día fue culto de jóvenes y me sentí en ambiente.
Era presidente de la juventud el Dr. Ernesto Mejía. El domingo once, de nuevo asistí a la
casa del Señor al culto de las 10:00 de la mañana, predicó otra vez el hermano Juan
Bueno, y cuando hizo el llamado, ya no pude resistir y pasé al altar con lágrimas
aceptando a Jesús como mi Salvador personal.
Allí comenzó mi nueva vida, y desde entonces no me perdía ningún culto porque tenía
una gran sed de Dios y de conocer más de su Palabra, de modo que me matriculé a una
clase de doctrina para bautismo con los maestros…
Un Nuevo Testamento azulito de los Gedeones lo leí completamente en poco tiempo e incluía Salmos y Proverbios. La siguiente semana el día viernes, hubo vigilia de oración y alabanza hasta la media noche.
Después de cada media vigilia, se organizaban grupos para ir a evangelizar a las zonas
de la ciudad donde había centros de vida nocturna durante la madrugada. Me uní al grupo
que iría a la parte de la ciudad que llamaban la Zona Roja donde había prostíbulos y
cervecerías, sobre la Calle Celis, la 24 Avenida y la Avenida Independencia. Aprendí
mucho con ellos repartiendo tratados evangelísticos y hablándoles de Cristo a cuanta
persona encontrábamos.
Esos fueron tiempos de avivamiento en el Centro Evangelístico. Muy pronto me vi
rodeado de hermanos mayores que me dieron su aprecio y me invitaban a salir con ellos
los domingos después del culto de la mañana a evangelizar al parque Infantil y al parque
Cuscatlán, donde buscábamos un lugar adecuado. Invitábamos a la gente a asistir,
repartíamos tratados y allí cantábamos alabanzas con guitarras. Algunos dábamos
testimonio y otros predicaban.
Otras veces fuimos al parque de la ciudad de Quezaltepeque y frente a la alcaldía de esa
ciudad compartíamos el evangelio. Una de esas veces me dijo el líder, a usted le tocará
predicar en Quezaltepeque, así que prepárese. Acepté el reto y toda la semana estuve
Orando y preparándome para ello. El Señor me llevó a dar testimonio a la ciudad donde un
tiempo anduve perdido, pero esta vez lo hice como un discípulo de Cristo.
Noroeste: Comacarán y Jocoro
Norte: Jocoro
Noreste: Bolívar
Oeste: Comacarán y Uluazapa
Este: Bolívar
Suroeste: Uluazapa y Yayantique
Sur: Yayantique y San Alejo
Sureste: San Alejo
El español es la única lengua de Yucuaiquín. Del 26 de septiembre al 6 de octubre se celebran, anualmente, las fiestas patronales en honor a San Francisco de Asís.
Fotografía tomada en 1988 en Yucuaiquín a los danzantes de la danza de las partesanas o la partesana, de origen lenca.
La cultura yucuaiquinense cuenta también con dos danzas: la danza de los negritos y la danza de las partesanas, ambas de raíces lencas, originalmente era una ceremonia realizada para pedir lluvias y agradecer la cosecha, actualmente todavía se realizan dichas danzas, pero con un aspecto cultural y religioso distinto, específicamente en honor a San Francisco de Asís;[6] de igual forma, muchos artesanos yucuaiquinenses se dedican a la elaboración de máscaras de madera (utilizadas en las danzas) y de "chinchines" (especies de maracas), elaboradas de cutuco, y que de igual forma sirven en las danzas.
Entre sus platillos tradicionales se encuentran la cajeta y el agua loja, que son tradicionalmente ofrecidos a los asistentes de los eventos realizados en honor a San Francisco de Asís, cada 1 de octubre.
La cultura yucuaiquinense es también reconocida a nivel nacional por sus artesanos que se dedican, anualmente, a la elaboración de ramos, con el motivo de la celebración del Domingo de Ramos; elaborados originalmente con palma de coyol, cruces y adornos trenzados y pintados a mano, y adornados con la flor de coyol.
Todos los 1 de Noviembre se celebra también, una tradición muy antigua y peculiar en Yucuaiquín, llamada Los Ñetos (o Los Nietos), cuando cae la noche, jóvenes y niños en grupos, cubiertos (normalmente por plásticos), visitan casa por casa, gritando "¡ñeto!, ¡ñeto!" y pidiendo alimentos y/o bebidas; cuando los pobladores les reciben, estos rezan oraciones y a cambio reciben dulces, galletas, frutas, pan, sodas, jugos o el tradicional ayote en miel, pero cuando no son recibidos estos puede realizar travesuras o refunfuñar.
JORGE CALIX.
Llegó a Tonacatepeque donde yo comenzaba mi kerigma ( predicar) 1973. Junto otro amigo aventuraban y llegaron hasta Chalatenango, a pie, cruzando Suchitoto. Y río Lempa.
Salvador Molina y Concepción Gómez abren puertas. Supieron de mi estadía por Abel Pineda, familia de Juan Bueno iglesia.
Hoy 2025 me regala su libro. Leo admirado de su origen humilde y superación.
Al leer su libro recordé muchos detalles de nuestra andanzas Pentecostal en Tonacatepeque.
Le encontré en Instituto Bíblico Pentecostal en San salvador, a Jorge. Teología Asambleas de Dios de San Salvador. Observen su inteligencia . En clausura pasó a dar los viajes de Pablo de memoria.
Le sustituyo en clases de bachillerato en Juan Bueno 1977 . Él operado de columna.
Creo es uno de genios que luchan por salir del montón. Me impresionó lectura de su libro testimonio.
Egresado de USA teología regresa a El Salvador. Pastor en filial en Soyapango de Juan Bueno por 50 años.
Universidad Fuller aplica para su doctorado
Jorge Calix y su esposa Lety estuvieron en El Cabral de San Pedro Nonualco, donde compartimos momentos de reflexión y recuerdos. Helipuerto de Enrique Barillas. 2025

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